¿Qué es un trabajo?

La maquinaria neoliberal es potentísima, no tanto por el dinero que maneja sino por las ideas que inocula. Los dos valores supremos del neoliberalismo son el dinero y la libertad. Según el credo neoliberal todo lo que se compra, se vende o se alquila configura un mercado (primer valor: el dinero). Y se vende todo lo que un ser humano “libremente” (ahí entra el segundo pilar del pensamiento neoliberal) quiera vender. Los movimientos emancipatorios que conozco se han articulado para poner en solfa esa pretendida libertad: “sin igualdad no hay libertad”. Y todo el aparato de defensa de derechos (humanos, laborales, civiles, reproductivos…) se ha armado precisamente para tratar de garantizar las libertades de quienes sufren la peor parte de la desigualdad o de la violencia por su condición de género, edad, origen, clase social, etc.

Estos días me encuentro dando la batalla contra los vientres de alquiler por lo que esta práctica significa: se trata de una venta de un ser humano antes de que nazca. Se disfraza de muchas cosas, pero si se necesita regular es porque es exactamente eso: un acuerdo económico. Una mujer, “la gestante”, la llaman, porque no la quieren llamar “madre”, firma un contrato para dar a luz ser humano que será entregado a los padres (normalmente hombres…) que desean un hijo o hija con su herencia genética. Podéis leer los detalles de cómo se firman esos contratos en el artículo que escribió Anna Gimeno tras su visita a una Feria de Vientres de Alquiler. Ahora las Juventudes Socialistas van a presentar una enmienda en el Congreso del PSOE que se celebra este fin de semana para intentar cambiar la postura de la ponencia oficial y abrir la puerta a la legalización de los hijos e hijas que algunas parejas han obtenido por ese medio. Ese es un problema serio que hay que tratar de resolver sin maximalismos: tenemos parejas de personas que no pueden legalizar a unos hijos o hijas que ya son suyos y que los obtuvieron por esta práctica.  Si la gestación subrogada se regula gestar y parir será un trabajo. De hecho, ya lo es en países del tercer mundo, donde existen lo que se conoce como “granjas de mujeres”.

Mi idea sobre la maternidad es que es un espacio para la libertad individual de la mujer que no puede ser sujeto a ninguna regulación ni moral ni económica: “Nosotras parimos, nosotras decidimos” resumió perfectamente esta idea. Pero ahora nos encontramos ante otra batalla y se nos quiere hacer creer que si tenemos derecho a decidir abortar, también lo tenemos para vender nuestra capacidad de procrear a un ser humano.  Es decir podemos vender a un ser humano, olvidando que los hijos e hijas no son nuestra propiedad, son seres que hemos traído al mundo, pero que nacen libres. No son una casa, ni una sueter de punto tejido con nuestras manos. Si aceptamos la gestación subrogada y la venta de seres humanos en gestación por este medio, no sé por qué no vamos a aceptar la venta de órganos.

Hoy he tenido otra discusión con una de las personas que defienden que el trabajo sexual es un trabajo. La lógica es la misma: “todo lo que se compra, se vende y se alquila configura un mercado”. El cuerpo se puede alquilar para la práctica sexual (y digo el cuerpo que no el sexo, porque el sexo en una abstracción y el cuerpo una realidad) luego el trabajo sexual es un trabajo. Mi idea sobre el sexo es la misma que sobre la maternidad: un espacio para la libertad individual que no puede ser sujeto a ninguna regulación ni moral ni económica porque se trata de esa dimensión del ser humano que ni se compra ni se vende.

Tenemos gravísimos problemas con la idea de trabajo, pues la gran estrategia del neoliberalismo ha sido la degradación del trabajo como concepto. Hay muchos autores que han escrito sobre eso. Por ejemplo, Christophe Dejours  habla de cómo el giro lingüístico que sustituye la palabra “trabajadores y trabajadoras” para hablar de “recursos humanos” no es un giro sin importancia: las personas son un recurso más.

Hay miles de los mal llamados trabajos que no son trabajos: Me paso la vida escribiendo sobre eso en la revista de salud laboral de CCOO “porExperiencia”. Y ahora mismo tengo la sensación de que se está delimitando un nuevo escenario de lucha: ¿qué puede ser trabajo y que no? ¿qué se puede vender y comprar y qué no?

Para las feministas la batalla va a ser doble: no sólo se trata de identificar qué condiciones laborales son tan inaceptables que no se puede hablar de trabajo sino de explotación, sino que además vamos a tener que defender qué aspectos de la vida humana están totalmente fuera de la dimensión trabajo, porque el cuerpo de las mujeres, y también el alma, es uno de los bienes más deseados por el neoliberalismo heteropatriarcal.

Identificar en qué espacios NO se admite un mercado económico  es una gran amenaza para el neoliberalismo. Un pequeño giro de tuerca que al neoliberalismo le viene fatal, porque el credo neoliberal es que todo se compra y se vende. Y todo el mundo es libre de “comprar” (permitirme una sonrisa agria…) y de vender. En fin…mucha lucha por delante, compañeras, y a mí, a veces, me flaquean las fuerzas. El neoliberalismo es como una hidra de mil cabezas que socaba las convicciones a base de generar confusión entorno al manejo de los deseos: “si tienes dinero encontraremos una manera de que puedas cumplir tu deseo, todos los deseos son legítimos, si hay alguien que te vende lo que tú quieres ¿qué problema hay?”. Permitidme que sea pesimista: creo que voy a perder esta batalla, pero eso no quiere decir que deje de darla mientras me queden fuerzas.

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